Marcela Costa Peuser

Cristina Fresca en el CMA
Una experiencia multisensorial

La artista presenta Lo que nos mira…, una instalación multisensorial en el Centro Municipal de Avellaneda, con curaduría de Jorgelina Girotti y Sonido de sala de Pablo Archetti. Hasta el 3 de junio

Todo está en nosotros: la oscuridad y la luz, el bien y el mal, lo eterno y lo efímero, el cielo y la tierra, lo denso y lo sutil; los opuestos pueden alternarse en nosotros. La verdad está dentro nuestro y, para encontrarla, Cristina Fresca nos invita a sumergirnos en esta nueva instalación multisensorial que presenta en el moderno Centro Municipal de Avellaneda. Sólo tenemos que detener la marcha y observar.

Cristina Fresca es fotógrafa y, como tal, tiene la capacidad de captar la esencia de una emoción y, conjugando la luz y el color, eternizarla en una imagen. En este caso, las sugerentes imágenes quedaron develadas en la transparencia de las telas de la gran instalación. Haciendo foco en las “pequeñas cosas de la vida”, la artista profundiza en las preguntas existenciales de la humanidad que nos interpelan. ¿Cuál es el sentido de la vida? ¿Es éste el camino correcto? ¿Hay otros caminos posibles? ¿Cuál es nuestro propósito?

A medida que su quehacer artístico fue madurando, necesitó de nuevos formatos, explorar la tridimensión e, incluso, la participación del público comenzó a ser parte indispensable de su obra como sucede con “Lo que nos mira…”

El centro de la sala está dominada por un gran laberinto. Al igual que el Laberinto de Chartres, el de Cristina Fresca, es un circuito de once vueltas y de una sola vía que conduce siempre hacia el centro. No hay caminos falsos, tampoco riesgo de perderse, aunque así lo parezca. Al llegar al centro deberemos detenernos y bucear en nuestro interior para luego, retornar hacia la salida, desandando el camino recorrido. Este gran mándala se fundamenta en la geometría sagrada, un antiguo arte que otorga serenidad y equilibrio a las emociones y la mente. El camino hacia adentro facilita el aquietamiento de la mente para llegar a su centro, un lugar de meditación y contemplación que invita al visitante a la reflexión. Transitar el camino hacia afuera, conduce a la integración.

Un péndulo cuelga en el centro mismo del laberinto, un péndulo de bronce que su padre trajo cuando llegó de Italia a los 18 años. “Puede ser -por la ley natural de los opuestos- péndulo o plomada,” afirma la artista. Es la marca del origen ya que en el centro del laberinto se concentran las energías de la fe, la entrega, el servicio, la abundancia, el perdón y la verdad absoluta. Allí nos detendremos para observar-nos, reconocer-nos y salir de él renovados para transitar un camino nuevo. Dos perfumes -uno húmedo y pregnante y el otro fresco y sutil-, flotan en el aire y remiten a la tierra uno y al cielo el otro, acentuando la sensación de “otras realidades posibles” que la artista, con su trabajo, quiere hacernos descubrir.

En este tiempo post-pandemia, en el que todo volvió a acelerarse de manera descontrolada y en el que muchas veces nos sentimos perdidos, Cristina Fresca propone este juego para re-encontrarnos y permitirnos nuevas salidas; una experiencia única y personal.

Jorgelina Giroti

Lo que nos mira…

La obra de Cristina Fresca posee un hilo principal que es la naturaleza y que a la vez es el velo de otro más profundo, el interés por los lazos espirituales del mundo, por la realidad no visible. Momentos y recuerdos de su intimidad como la mirada de sus hijos hacia el cielo, el mar, la naturaleza misma son esenciales al producir su obra. 

A través del cruce de variados lenguajes y en la confluencia mundo-arte, surgen estas maravillosas obras que permiten examinar una relación particular entre el mundo percibido y lo que comúnmente no aparece en lo que, sin embargo, es percibido de ese mundo. ¿Existen otros mundos posibles? ¿Vemos todo lo que es visible?, el laberinto como lugar enigmático nos adentra en un territorio abriéndonos caminos en las circunstancias presentes, cómo llegamos a comprender nuestro propósito y encontramos sentido a la existencia?, ¿Serán las pequeñas cosas de la vida las que nos posibilitarán atravesar este tiempo y salir fortalecidos? . La artista invita a ingresar a la instalación del Laberinto y al llegar al centro encontrarse consigo mismo y así florecer.  

Transitar nuevos caminos nos permite comprender los peligros que implica el rechazo a lo real. Cuando la realidad es incómoda , se pone en marcha la imaginación, increíblemente fértil y el deseo de otra realidad, que nos dirige hacia lo que nos atrae , lo que nos mira  y nos invita a recorrer la instalación de las dos fragancias, opuestas entre sí, como aquel sutil sonido del mar que se irrumpe por el latido de un corazón. Un espejismo que esconde todas las formas imaginables,  para quien otro mundo es posible”. 

La artista invita al espectador a convertirse en parte de la obra quien interpela la intervención artística alcanzando su significado en relación sinérgica y activa. 

 

Curadora: Jorgelina Girotti

Debora Mauas

El hombre -la mujer- y su laberinto

¿Sabemos si el camino recorrido es el correcto? O más aún, hacia dónde vamos ¿es hacia dónde queremos ir? Cristina Fresca nos entrega dos objetos fundamentales de su imaginería para intentar resolver el acertijo: la flor de la pasionaria y el mítico laberinto de la Catedral de Chartres (Francia) emplazado en 1220. De la flor sabemos que una leyenda popular guaraní la enlaza a la sangre derramada en sacrifico por los demás, y que su singular belleza, su frágil-fuerza, florece sólo por un día. Del laberinto que, como un mandala cosmológico, durante siglos, millones de peregrinos lo han transitado hasta su centro en busca de una respuesta. Cristina Fresca (la artista), como en otros trabajos, vuelve a construir enigmas a desimplicar a través de sus elementos: las flores –la pasionaria-; los lugares emblemáticos: sus espacios, sus recorridos. Rescatando su simbología: las flores como don y regalo; los espacios públicos que adquieren valor en la diferencia de quienes los transitan: ella reconstruye otro espacio para rescatar la experiencia mística que en él habita. Una comunión entre los objetos, los lugares y los otros a la que también quedamos invitados. Los laberintos son tan antiguos como el hombre, que al separarse de la naturaleza como guía, debió prefijar otros recorridos, reflejo de un temor ancestral a perderse. El camino, su recorrido y el punto de llegada son sustanciales, desde siempre, en nuestra experiencia vital, como así también en esta muestra. Sobre el laberinto reproducido en el piso, la artista colocó como señales distintas fotos de la flor, que a la manera de marcas en el camino nos van indicando el recorrido correcto hacia el centro.
Allí otra pasionaria en su esplendor nos espera, reforzando el encuentro con la llegada. Una experiencia que Cristina nos regala como modo de reintroducirnos en nuestros propios caminos, y detenernos a formular nuestras preguntas por si las habíamos olvidado. Los laberintos pueden ser espaciales y temporales (como aquellos que Borges traza en tiempos paralelos y diversos). La experiencia que nos propone Cristina Fresca juega con ambos. Desde el espacio que ocupa este laberinto, su punto de salida y el trayecto hacia su centro, otro tiempo es convocado. Si bien cada espectador utilizará las señales de la artista para su llegada, el tiempo del recorrido es el de cada uno; y las respuestas o preguntas que se configuren (¿no son lo mismo acaso?) dibujaran un espacio y un tiempo singular. Esa será la verdadera pasión reconocida, reencontrada: a través del trayecto que Cristina nos ofrece, y si nos permitimos experimentarlo, quizá podamos vislumbrar nuevas posibilidades de transitar nuestros caminos, y de este modo salir modificados.

Ricky Crespo

Hay una regla general en la obra de Cristina Fresca. Sucede cuando trabaja una imagen y ésta nos interpela casi sin que nos demos cuenta. Es una regla que parece casi olvidada en el devaneo del arte. Ella se aproxima a las imágenes, que a través del plano simbólico, conjuga de una manera absolutamente poética. Y no hablamos aquí de la poesía que rima, de la poesía de la métrica. La artista toma el poder de lo romántico, de los sentimientos, de lo que rompe estructuras, es decir de lo audaz y lo atrevido. ¿Qué otra significación más válida para acercarse al universo de Evita? Hay en esta muestra, además de imágenes de una poesía bellísima, un juego simbólico que nos propone un recorrido. Es el gran laberinto que inunda casi toda la sala y que nos permite adentrarnos del todo en la magia de este símbolo. Porque es el laberinto, el gran portador del significado más intenso del encontrarse a uno mismo -casi como un mandala, que todo nos lleva hacia un punto perfecto en el medio- el encargado de trasladarnos a un viaje a la búsqueda del “sí mismo” (el “self” en palabras de Jung). Es ese “sí mismo” que sólo se logra adentrándose en los vericuetos del alma, de sus pasiones, en lo intrincado de la personalidad, casi proponiendo una paradoja: aún cuando parecemos perdernos, estamos yendo a encontrarnos. Y claro, no es una tarea fácil. De la misma manera que Teseo a la búsqueda del Minotauro, hay una pequeña ayuda para desentrañarlo, hay un hilo conductor para encontrar la salida: es la audacia inspiradora de saber que Evita también se perdió primero para poder encontrarse, transformarse y así, Ser. En esta muestra, que quedará en nuestras retinas por mucho tiempo, Cristina juega y ese juego inmaterial nos transporta y nos hace olvidar increíblemente de tiempos y premuras, nos brinda la oportunidad de dedicarnos un momento sólo para nosotros. Pero es en ese acto que podemos entender, que todos estamos aquí intentando lo mismo, lograr nuestra integridad, viviendo intensamente, luchando con las adversidades de la vida, pero tal vez, con la chance de hacerlo -eso sí – como si fuera un juego.

Maximo Jacoby

Relación especular
Cristian Fresca entrega una serie de trabajos donde frágiles, sutiles y delicadas imágenes interpelan activamente al espectador. Apariciones espectrales, la memoria de los objetos y el imaginario infantil, configuran un clima de ensueño, que entre la calma y la crudeza, se definen recíprocamente en espejo con cada mirada.

“… Y sin duda el cristal estaba empezando a disiparse, como una refulgente niebla plateada. Un instante después, Alicia lo había atravesado y saltaba ágilmente en la sala del Espejo…” (A través del espejo y lo que Alicia encotró allí) Lewis Carroll entregó en esta cita una sabia lección sobre el espejo, sus reflejos y posibilidades. Hace alguno años que Cristina Fresca realiza variadas series de trabajos fotográficos, objetos e instalaciones. En ellas se cruzan elementos de la ficción y el documental, el armado de una identidad auténtica, la memoria infantil y el lugar del otro, desprovistas de clichés habituales.
En sus retratos, las convenciones del género son respetadas como punto de partida, pero en su desarrollo se esbozan nuevos rumbos. El recorte de la toma, la centralidad del personaje, elementos propios y simbólicos que formulan el espíritu del retratado. Pero Fresca, decide llevar el género a otros límites; no es pertinente, para ella, la representación del retratado, en ningún momento sus fotografías se cierran en la transcripción de una persona, su historia o momento. Nunca son reflejo de la persona o identidad del modelo retratado. No son una porción de realidad que hablan a la cámara. Son una realidad ficcionada que se define hacia fuera de sus límites. Los retratados, lejos de ser exclusivamente ellos, son la resultante de una configuración que los presenta como personajes especulares. Sus rasgos, gestos, miradas, objetos hablan a quien los mira y lo interpelan. Las distintas series, fotografías e instalaciones, funcionan como el reflejo sobre un cristal de superficie permeable, porosa al ojo. Uno se refleja en el propio dispositivo de la obra y al mismo tiempo ve a través de él. Como en los vidrios o las ventanas, estos espejos hacen del reflejo dos realidades tan vivenciales como fantasiosas.
Las obras de Cristina Fresca, no retratan a sus personajes ni a los espectadores. Construyen una relación entre ellos. Como un poema que renace en cada lectura y con cada lector.

Los juegos técnicos de la artista contribuyen este juego. El fundido de las figuras en el fondo, ciertas zonas, la nitidez junto a la bruma, crean una escena de misterio y ensoñación, mientras confunden en el reflejo al ojo desprevenido. En el efecto especular, donde la imagen se repite al infinito, aparecen fragmentos que afirman la imposibilidad de reflejarnos perfectos y completos. Cada réplica es diferente, única e irrepetible. En estos trabajos el reflejo multiplicado en ese infinito, es un chispazo entre el que observa y el observado. Una imagen encerrada entre un lado y otro del espejo redefine la sensación de tiempo y espacio, ubica al espectador en un momento y lugar indeterminado reconocible, solamente por su reflejo.

Corinne Sacca Abadi

Otros recorridos  
“El sueño es un fenómeno que sólo podemos ver durante su ausencia.”                                                                                                                           
Paul Valéry 

Cristina Fresca construye una narración fotográfica a partir de una historia cíclica revisitada cuyo final abierto es reflejo del incierto futuro. Un carrousel clásico retorna una y otra vez sobre sus huellas ante la mirada atenta de una niña que habita en el recuerdo de la autora. Las imágenes se suceden en un fluir de transparencias articulando distintos tiempos, allí se produce una lúcida visión del presente que conjuga la poética de la artista nutrida de realidades insoslayables y de fervorosos deseos de cambio. 

La secuencia de las escenas nos invita a girar junto a la calesita hasta que los contornos se desdibujan, el paisaje conocido se fusiona con elementos no explorados, el movimiento continuo facilita la articulación de fantasías,  recuerdos, deseos y temores. La realidad asoma, insobornable, bajo la forma de tanques de guerra y de aviones de combate, su condición de juguetes viejos no le resta potencia al fantasma de la destrucción que ocupa el escenario. El encuentro con las armas remite a lo traumático de lo real con su carga de crudeza, de angustia de corte, de caída, de pérdida final. 

Pero las imágenes crean también un fascinante vértigo en el que se reedita el sueño del premio mayor: la obtención de la sortija, para encontrarse otra vez  con ese peculiar movimiento circular que proyecta al jinete hacia sus propios ensueños de fantásticas aventuras, de historias románticas y heroicas. En ese contrapunto la mirada va y viene entre el sueño y un despertar abrupto.   De pronto, ocurre lo inesperado: uno de los caballos se desprende del grupo e inicia un camino liberador, se desplaza a través del vacío-blanco de un cielo indefinido, abierto como un universo en expansión hacia otras dimensiones, y traza su derrotero, el techo de la calesita pintado con bandas multicolores va quedando atrás, otros corceles se autonomizan y acceden a nuevos cielos, algunos son nocturnos y luminosos.

Otros recorridos posibles atraviesan el blanco, un vacío transitable, con riesgos, se ha vuelta permeable para el ejercicio de la libertad de experimentación. Tal vez sea el inicio de algo nuevo

En obras anteriores de M. C. F. la niña era acechada por la luz y aparecían cartas manuscritas con lo indecible del recuerdo interferido por el tiempo y recuperado por la experiencia artística. Ahora le ha llegado el momento a la expresión del movimiento constante que anuda los tiempos idos con el presente y anuncia otro futuro, la artista deconstruye para inventar nuevas realidades, desanda el camino de la repetición para inaugurar un futuro Otro.  

Una instalación en el espacio de exposición abre y cierra el encuentro del espectador, allí una sortija al alcance del visitante se ofrece como un nexo entre la historia y el azar.   

Corinne Sacca Abadi
AACA /AICA 

Kekena Corvalan

Mirar de nuevo 

Un interesante recorrido puede leerse en el corpus de la obra de la artista visual Cristina Fresca, en línea con sus últimas exposiciones, en el Centro Cultural Recoleta y su participación en noviembre de 2011 de la primera edición de Itineraria en la ciudad de Lima, como una de las cinco artistas argentinas elegidas.

En este caso,  serie “Mirar de nuevo”,  puede considerarse un punto de inflexión en su trabajo creativo donde la artista pone su propio cuerpo, cerrando la etapa anterior, apareciendo ella misma en las fotografías que interviene de un modo sumamente plástico. Conservando, vale decirlo, la misma carga afectiva de toda su impronta retoma una de sus mayores obsesiones: el color. A partir de tomas directas impresas en papel landa, Fresca aplica un tratamiento digital pictórico trabajando el color rojo en distintas intensidades. Ese rojo, jugado a lo largo y lo ancho de una superficie de 1,20 x 1,20 cm, enmarcado con vidrio da el primer efecto visual de vernos reflejadxs; la segunda instancia e la mirada profunda permite formar la figura de la artista recortada en una arquitectura en ruinas, explorando el tema del doble y reforzando el aire romántico de toda la propuesta.

El lugar escogido para las tomas es el ex-cementerio de la localidad bonaerense de San Andrés de Giles. Con estas tomas, y sobre todo, contra el recurso, toma el pincel desde la cámara de fotos y aplica lo que el ojo no vió, volviendo al territorio vital de la plástica para intervenir reflexivamente. El resultado es el de una obra inquietante. 

Una vez más, como suele ser eje en la obra de esta artista, la situación de “volver a mirar”, de reubicar la mirada ante la imagen surge proponiendo un diálogo particular con el espectador. En este caso se destaca que esta propuesta viene de la mano de un elemento plástico concreto, el uso del color.

Cecilia Lida

La mirada en la génesis de una obra y más allá…

En los pequeños objetos giratorios se funde el blanco y el rojo, la pasión y la inocencia. Ráfagas de memorias infantiles, veladuras de la mirada, metáforas de la demanda

Una condición tradicional de la obra de arte es el ofrecerse a la contemplación. Interrogarse sobre este rasgo del arte es un desafío y una de las claves de lectura de Lo que miran tus ojos, la presente exposición de Cristina Fresca. Sus obras surgen de un registro fotográfico propio compuesto por imágenes de mujeres y hombres de distintas edades, cuyos ojos, manos o figuras devienen en series de fotografías, murales y objetos. Producciones en las que el blanco o rojo invaden la totalidad de la superficie y diluyen las imágenes; estructuras plásticas heterogéneas que encuentran unidad en un juego de monocromías, entre lo inmenso y lo pequeño, lo visible y lo invisible, lo concreto y lo etéreo. 

Grandes y claros campos de color compuestos por diminutas piezas como metáforas de la grandeza en las pequeñas cosas. Superficies amplias en las que apenas se vislumbran los ojos que flotan aislados hasta casi desvanecerse. El blanco dominante es tanto el color de los materiales como la luminosidad y la transparencia que avanza sobre los contornos y amenaza con la evanescencia. La obra evidencia que la luz, condición imprescindible para ver, en exceso, puede devenir en ceguera. Así, lo que se contempla nunca es total, la visión puede estar velada y otras veces crear su imagen sobre un velo.   

La calidez y suavidad del terciopelo, la frialdad del acrílico y las piedras, las transparencias que llegan a la invisibilidad, el color que vela y la luz que ciega tienen como destino capturar la mirada del espectador. Una mirada que no sólo habita la génesis de la obra, sino que es también sujeto y objeto de la misma. En esta muestra, una serie de fotografías de gran formato compone un ciclo narrativo en el que una mujer aparece una y otra vez. El rojo que inunda la imagen convierte la obra en un intenso campo de color que conduce a la figura al límite de lo visual. Tiempo y espacio permanecen suspendidos. Aquel que contempla es quien debe esforzar la visión, atravesar la ficción y dejarse seducir por el personaje que se acerca, demanda, se ofrece, se da a sí misma, nos antepone un velo, se distancia y vuelve a comenzar. La secuencia trasciende la fantasía para alcanzar una reflexión profunda sobre las relaciones humanas en el arte y en la vida.  y la entrega. Un giro detrás de otro y las imágenes que corren nos muestran ojos maduros y transparentes, otros jóvenes e inocentes; manos que dudan y otras que se abren y ofrecen seguras. Atravesando la opacidad de las imágenes la mirada es puesta al desnudo; y al final del recorrido, en el último giro, las figuras esperan su última posibilidad de percepción.

La obra de Cristina Fresca se estructura en la dialéctica del que mira y del que es visto; en la alteridad de la mirada, debatiéndose entre la ausencia y la presencia.    

Lic. Cecilia Iida
Abril, 2010

Horacio D´Alessandro

Permanente resonancia

“Elaborar obra a partir de los elementos que nos son familiares y recrear ideas con gran oficio no es poca cosa. Cristina Fresca lo hace. Utiliza breves objetos cotidianos levemente intervenidos, con el fin de explorar la infraestructura de la unidad y los efectos de la comunicación no verbal. 

Como un recuerdo imposible de reprimir, nos incorpora a su universo. Posee ese afilado equilibrio, que se hace necesario para contar historias; despliega sobre la tela sus símbolos cargados de esperanza que por momentos se destacan, pero las más de las veces desaparecen envueltos en veladuras que proporciona la calidez de su materia. 

Evoca encuentros cargados de significación, extraídos de situaciones intimas, multiplicando mensajes, metáforas, analogías, recuerdos, que con su oficio va develando y que en su tenaz búsqueda enriquece con color, pinceladas cargadas  plenas de vibración, cuya materiosidad   frotada, proporciona imágenes leves, profundas  de permanente resonancia. Esos recuerdos inevitables que al recorrer sitios físicos, nos hace ver esencias que libera su pincel.

Buceando en su historia propia, descubre mensajes secretos de cartas en la arena y de sobres o estampillas que se apoyan sobre la superficie como pantallas.Crea una red de intercambios intangibles, de lenguajes escritos, denotando distancias o esperanzas. 

Utopía social y familiar que nos involucra al celebrar esa magia que despierta en nosotros mismos cuando miramos su obra, pintada con la firmeza y calidad de un Arte escrito con mayúscula.”    
                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                               Horacio D´Alessandro                                                           
Jefe de Departamento                               
Museo de Arte Moderno  

Osvaldo López Chuhurra

Palabras, Distancias, Tiempos, 
 en la paleta de CRISTINA FRESCA   

“Enfrentarse con la serie “Carta Objeto Valioso” de esta relevante creadora, presupone la posibilidad de transitar por una experiencia inusual, en una etapa de transición para la cultura; la confluencia de tantas opciones expresivas, da rienda suelta al poder de la improvisación, sustentadora de productos legitimados por el “todo vale”.

Fresca evoluciona en medio del caos finisecular, demostrando en cada instancia del andar, que los caminos conducentes al encuentro con la esencia del Arte pueden ser infinitos. Pero el problema  se plantea, cuando son infinitos los caminantes… La pintora, ya forma  parte de la caravana resuelta a alcanzar esa meta tan significativa; la revelación importante  de sus obras, corrobora lo anunciado.

Las afortunadas pinturas de Cristina Fresca, encierran un doble mensaje: Hombre y palabras desde la distancia, Arte y significados para lo significante. En aquella otra orilla, recuerdos con memorias vigentes y promesas esperanzadas. Y de este lado, encuentros sorpresivos con el “destinatario-origen” del operar comunicativo: el siempre fruto del Arte…

Este insólito y por demás atractivo mundo de Palabras y Distancias, nos permite disfrutar en el Tiempo, imágenes expresivas donde Carta y Pintura consiguen dibujar el perfil doble de un Jano trascendente, realizado.”

Osvaldo López  Chuhurra
Teórico del Arte.

Laura Reginato

Cristina FRESCA: (en) el corazón del recuerdo  

“Tal vez sólo fue un juego de dos niños que no se conocen y que quisieron comunicarse los dones de la vida. Pero este pequeño intercambio misterioso se quedó tal vez depositado como un sedimento indestructible en mi corazón, encendiendo mi poesía” (Pablo Neruda)   

Es curioso como se dan ciertas relaciones. Como caminantes situados en lugares de tránsito, dispuestos a seguir una ruta aún no trazada, de golpe, algo nos sucede, algo se agita dentro de nosotros. Así, de todas partes, brotan los tesoros, adormecidos y contenidos, de experiencias vividas.
Esta misteriosa experiencia es la que nos devuelve la obra de Cristina FRESCA donde lo real, el presente, es mucho más que lo que se ve a simple vista. La artista nos muestra, a través de un juego sobre el lenguaje visual y la construcción de la imagen, una estética que revela un mundo compartido originado en aquello inesperado, territorializando una memoria afectiva que penetra en el recuerdo y lo hace volver en el contacto con el otro. 
Pinturas, objetos, series de fotografías, montajes de luces y sombras, personajes retratados que refuerzan el verbo ´mirar´, como arcas que guardan los recuerdos y proyectan los posibles; nos miran abriendo un espejo ante nuestros ojos que nos desplaza, en permanente estado de renovación. Así, se inaugura un espacio donde brota el recuerdo, una zona de carácter extraordinario en tanto frontera vital, salvaje e intempestiva, donde late esa capacidad de invención que abarca mundos lejanos y cultiva múltiples imágenes de sí. Un lugar donde no renunciamos al deseo porque se trata de un espacio de construcción a través de la repetición de una experiencia suave y silenciosa de la infancia, del ser otro, del pasar al otro en una vuelta permanente al acontecimiento, al devenir. 
Trazando puentes que implican siempre intimidad, necesidad y contemplación, Cristina trabaja sobre la posibilidad que tiene el arte de irrumpir en la cadencia de lo cotidiano y sus alusiones secretas, en esa nota que siempre queda fuera del tono, que violenta e inquieta para potenciar la transformación de lo existente, de nosotros mismos y de nuestro pasado íntimo en un presente que confirma las asimetrías, los movimientos de la mirada y la amplitud del porvenir. La artista descubre una subjetividad que evidencia mundos interiores anclados a rasgos emotivos, sensibles para manifestar otra forma de considerar el tiempo en su relación viva, en sus misteriosos juegos de encuentros y afecto: (en) el corazón del recuerdo. 
Sólo entonces es convocada esa pequeña pero vibrante fibra afectiva y emotiva de la memoria que fractura el tiempo para crear, simultáneamente, otro presente del pasado, otro presente del tiempo real y otros futuros posibles.    

Lic. Laura Reginato
Buenos Aires, Abril del 2012

Laura Reginato

s o b r e l a m u e s t r a ( …)

Desde una voluntad de mirar el interior de las cosas, Cristina FRESCA transforma la percepción en una línea de fuerza vital, una visión de afirmación de vida con lo que ella tiene de violencia, de fractura y de conflicto, para descubrir el intersticio mediante el cual se pueden conquistar los mundos soterrados. Reinventando un ritmo visual que nos hunde en las cosas, sus obras nos permiten aprehendernos rozando con el puro deseo en la construcción de una estética de la inmersión que busca comprender lo que (se) es a través de las pulsaciones de una mirada vital, para vernos más allá de los espejos.

Lic. Laura Reginato

Gonzalo Villar

Hacia una nueva geografía.     

“El célebre crítico Arthur Danto divide bíblicamente la historia del arte en un antes y después de Warhol. Pero incluso va más allá, al atreverse a proclamar el fin del arte. Es poco probable siquiera imaginar la muerte del arte. En cambio sí podría plantearse la idea de un cierto agotamiento discursivo en cada una de las manifestaciones artísticas clásicas. Ese  agotamiento ha impulsado el surgimiento de nuevas expresiones -como el arte digital- y ha llevado a las artes a fusionarse, a retroalimentarse en una sinergia que los puristas no siempre reciben con beneplácito.     

Entre esos artistas felizmente inconformes, ávidos de expandir su lenguaje creativo, se encuentra  Cristina Fresca. Ya el título de su serie… Sin bordes, ni geografías encierra un manifiesto en sí mismo: iniciada en la pintura, Fresca adopta como eje de su discurso artístico la fotografía, asumiendo un novedoso planteo espacial que le permite construir un nuevo lenguaje, sin renegar del hecho fotográfico per. se. Como si quisiera liberarse de un incómodo corset que la limita y la  restringe, Fresca refuta la unidimensionalidad de la fotografía y, en ambos sentidos, se sale de los  “marcos” tradicionales. Dicho en otras palabras, procede como fotógrafa pero formula su planteo estético incorporando el concepto de instalación y una escuadra de lectura con un carácter espacial que determina una dinámica alternativa del original hecho fotográfico. Otros rasgos distintivos de la estrategia discursiva de Fresca son su singular destreza en el manejo de la luz y la abstracción en un doble juego cromático y plástico. Siendo una artista joven aún, logra una identificación y un estilo inequívocos: sus niñas de otro tiempo y sus luminosos colores stendhaleanos constituyen un trademark rápidamente reconocible. Por lo tanto, estamos frente a una obra eminentemente provocativa, que dispara una reflexión sobre el lenguaje fotográfico y que impugna la iconicidad plana, lineal y descriptiva, estableciendo un renovado proceso de interacción con el hecho fotográfico.

Desafiando a Danto, el arte no ha muerto. Afortunadamente surgen nuevos artistas que exploran y combinan diferentes manifestaciones artísticas; artistas que no reconocen ni bordes ni geografías convencionales.”   

Gonzalo Villar.                                                                                                                      
Curador Palais de Glace.  

Máximo Jacoby

Blanco sobre Blanco    

En 1918 Kazimir Malevich presenta su obra Blanco sobre Blanco. Un pequeño lienzo que expresaba uno de los puntos mas acabados de su pensamiento plástico como teoría ética y estética. Años pasaron para que Anastasia Moiseeff, Cristina Fresca, Paula Rivero y Milo Lockett encuentren ahí el aglutinante para una mutua propuesta.

Blanco sobre Blanco responde al irrefrenable deseo de los artistas de investigar juntos un cuerpo de obras subjetivas, heterogéneas y disímiles. Un color, una idea, un espacio…  el elemento necesario para encausar la sinergia creativa. El rígido y político espacio creado por Malevich, es desplazado por una búsqueda distinta; la creación conjunta de un espacio de afectividad y dialogo. Las capas de pintura y la sutileza de sus mínimas variaciones de tonos, derivaron en la superposición de uno sobre el otro, hasta confundirse una única y compleja voz omnipresente. El nombre propio subyaga frente a la potencia del coro, la sumatoria, la diversidad y el compañerismo. En la muestra, cada visión es entrelazada. Aquí ya no basta con solo contemplar en soledad obras y espacios infinitos. Es necesario, además, compartirlos.        

Máximo Jacoby Curador  

Massimo Scaringela

EL FUEGO HIERATICO DE LA FLOR  

Aunque las fotografías de Cristina Fresca captan su objetivo con un enfoque incisivo y analítico, no es precisamente su corporeidad lo que atrae nuestra atención, sino una interioridad íntima que emana de la luz que fluye de la inconsistencia, inclusive física, de los sujetos y que alude a verdades más profundas y ocultas.        

Con estos trabajos recientes y en los que el punto focal es la flor, la artista proyecta así emociones que recoge especularmente tanto de la naturaleza como de la memoria. La fotografía muta en análisis del alma, la portadora de razón y sentimientos cuyo fin es el descubrimiento de una belleza secreta, configurada como el lugar del engaño y de las transformaciones de aquello que fue visto y que luego se asimilarán a nuestra vida, inalienables. Humores y fragancias que guardan encantos, soledades, pasiones o sueños, las imágenes de Cristina Fresca son como un teatro en el que el protagonista está ausente o marca su presencia como un fantasma y en donde los entes al tiempo que revelan una realidad sobre todo esconden otra, más verdadera y sensual.

Cada fotografía es un diálogo de ausentes: el fotógrafo adentro y el espectador afuera, frente a la obra, se reflejan el uno en el otro y, cuanto más intensa es la revelación, más se transfigura la relación en un contrato de amor, donde flores se mezclan en series de símbolos cuyos significados y referencias se deslizan como la secuencia de una progresión onírica en imágenes siempre claras pero que admiten otra interpretación. En sus obras, el pasado, el presente, la realidad y la irrealidad están directa y fluidamente amalgamados en una belleza que nos conduce a meditar y nos facilita así el descubrimiento del mundo, como fruto de la comunión del espectador y el alma de la imagen. Con su sabio uso del rojo, la artista crea su propio simbolismo y su propia narración y nosotros, como intrusos, buscamos capturar las características específicas de los significados de su código expresivo, que deviene en un camino hacia la naturaleza y la belleza de las cosas con un lenguaje sublime pero comprensible y en donde permanece siempre en nosotros la impresión, tan tangible como inefable, del Gran Misterio de la Vida.

Massimo Scaringela